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Bien las
referencias mayormente aceptadas sobre el origen de la Grafología moderna se
sitúan en Bolonia, alrededor del año 1622, donde Camilo Baldo comenzó su
investigación, es sabido que ya en el año 6.000 a.C. en Mesopotámia, Babilonia
y Persia los hombres utilizaban la escritura como medio de comunicación y, por
lo tanto, ya era objeto de algún tipo de análisis.
Para los egipcios, por su parte, la escritura era considerada sagrada. Los
jeroglíficos son una de las manifestaciones más antiguas de la escritura. Su
dibujo era y es considerado un arte, requiriéndose además un gran conocimiento
y preparación.
China y Japón, en el año 1.000 a.C. practicaban cierta forma de estudio
grafológico, basando el análisis en el espesor, rigidez y flexibilidad de
algunas líneas.
Demetrio y Aristóteles anticiparon que la escritura revelaba rasgos del
carácter y la personalidad.
En la Edad Media algunos monjes ya utilizaban el análisis grafológico.
Finalmente, en 1871, Hippolyte Michón publicó su "Systhema de
Graphologie" (Sistema de Grafología), estableciendo entonces la Grafología
como una ciencia. Por esto se lo conoce como el "padre de la
Grafología".
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